Bajar la ratio. Imprescindible

El curso pasado (un inicio de ciclo), por esas cosas incomprensiblemente legales que pasan, empezaron a meternos niños en el nivel. Se estaba forzando a ciertas escuelas a absorber el «sobrante» de niños que entraban a la ciudad, y coincidió que mi nivel era uno de los afectados.

Mi paralela se vio con 30 criaturas en clase y yo con 33. Hablamos de niños, no de pollos de corral.

Treinta y tres.

Podemos empezar explicando el problema logístico, porque no cabían en la clase. Sobre plano es muy fácil decir que caben 33 mesas, pero cada mesa lleva su silla y cada silla su niño correspondiente. Abrigos, mochilas… Las caídas eran frecuentes cuando se levantaban para realizar cualquier acto sencillo como sacar punta, o venir a mi mesa a preguntar algo. La recomendación era ponerlos en línea de a uno, para facilitar pasillos. Es decir, se recomendaba trabajar de forma aislada para facilitar el tránsito, priorizando el meter muchos niños en un aula antes que el priorizar unas metodologías que realmente les ayudasen a aprender, que es para lo que se supone que estaban allí.

Diversidad y drama

En otro orden de cosas tenía un NEE y 6 NESE. Estadísticamente normal ya que recuerdo que eran 33. El NEE, pese a tener adjudicada una veladora que le acompañase durante toda la jornada, no la tenía físicamente, solo de papeles.

Así, sin entrar en detalles farragosos os podéis hacer una idea de cómo eran las clases. Genéricas, de supervivencia. Los buenos, tiraban solos. Los regulares se iban hundiendo y los «malos» suspendían hasta el patio. Yo, allí enmedio de la marabunta, iba como pollo sin cabeza de uno a otro, incapaz de dar un feedback en condiciones a los 33, incapaz de personalizar el aprendizaje a tantos niveles, agobiada por el funcionamiento físico de la clase, por los materiales que no me llegaban para todos…

Y llegó el virus, la pandemia y el confinamiento.

Aquí podría empezar otro post sobre el desastre que supuso trabajar sin una infraestructura con unas familias que no tenían ni wifi en casa. La mitad de los niños desaparecieron del mapa educativo y perdieron medio curso….

Pero dice el refrán que Dios aprieta pero no ahoga, aunque a veces se le vaya la mano.

Este curso, teniendo en cuenta que todos los niveles se estaban desdoblando por el tema del virus, a nosotras también nos permitieron desdoblarnos y sacar un tercer curso. Pasamos a tener la friolera de 21 alumnos en clase.

Esperanza

Veintiuno.

Doce menos. Hay países que solo con doce te montan una clase directamente.

En fin, empezamos un curso duro. La Covid, las mascarillas, el gel, los termómetros, los cambios de horario, la imposibilidad de mezclar con otros grupos, el miedo a los contagios… y el hecho de haber faltado medio curso!!

Pero eran 21, tenía esperanzas. Los niños con problemáticas de aprendizaje me habían quedado parecidos, me quise quedar con el NEE, para quien yo era su referente, (le hubiera ido muy mal un cambio tan grande), y 5 de los NESE. A principios de curso se me fue un niño de los «bien» y me vino otro NEE. Seguíamos sin veladoras… pero eran 21.

Sería largo y farragoso para quien no sea profe explicar los malabarismos que tuve que hacer, pero pude.

Pude.

Pude personalizar aprendizajes, pude aplicar con cierta soltura las metodologías que me parecieron más adecuadas para el grupo que tenía, pude trabajar cooperativamente con tareas multinivel, pude proponer retos a los que iban bien, darle el empujoncito a los que iban regular y despertar a los que llevaban años en la inopia sin saber qué hacer o por dónde empezar.

Y no, no escribo esto para que alguien piense: «Oh, qué buena maestra, qué bien lo ha hecho» No, no, es que el mérito no es mío. El mérito es ese 21.

Ese 21 que me permitió centrarme en las dificultades de mis alumnos. Ese 21 que me permitió jugar con la agrupación flexible. Ese 21 que me permitió darme el lujo de cuidar los detalles. Ese 21 que me permitió descubrir que no eran 2 NEE y 5 NESE, sino 2 NEE y 7 NESE! Ese 21 que me permitió aplicar correctamente los protocolos de dislexia, TDA, TDAH, TEL y el resto de siglas que bailaban en mi clase.

Hicimos proyectos, hicimos teatros, hicimos juegos variados: de lengua, de mates, hicimos experimentos… Hicimos tantas cosas que esos niños, de familias sin recursos, que habían perdido totalmente medio curso y que el año anterior suspendían hasta el recreo, salieron adelante.

No mentiré, uno se me quedó en el tintero. Ha sido el año que menos niños se me han «perdido» por el camino en los más de 10 años que llevo trabajando para la pública. Y es un fracaso como maestra. Pero también os digo, que si en lugar de 21 hubiera tenido 15, habrían salido todos.

Recapitulando

Todo esto que os cuento, como digo, no es para que nadie me diga que lo hago muy bien. Hago lo que puedo con los que tengo a mano, como la gran mayoría de maestros que conozco. Pero 21 no son 33.

Tenemos una nueva ministra de Educación. La señora Alegría. Se encuentra una enseñanza pública herida de muerte, hiperpoblada, sin medios, con guetos, con interinos aterrorizados por Iceta, sin medios, sin recursos, con una ley de enseñanza a medio montar… Yo solo pido una cosa a esta nueva ministra. Debería pedir un millón, pero me conformo con una.

Porque el año que viene, tendré una clase «normal». Tendré 27 niños y niñas. Y sé que volveré a ir de culo, que se me escaparán niños con necesidades educativas especiales sin que me de cuenta porque estaré demasiado ocupada rellenando papeleo y buscando materiales o colocando a tanto crío. Me queda la sensación de satisfacción de mis familias, que me conocen de hace años y saben cómo trabajo. Familias a las que le estoy siempre agradecida y que me demuestran su cariño con notas y abrazos espontaneos. Pero no nos engañemos, ese 27 dejará víctimas.

Solo le pido una cosa a la nueva ministra. No le voy a pedir las veladoras legalmente aprobadas. No le voy a pedir los materiales que deberíamos tener. No le voy a pedir las dotaciones digitales que tendríamos que tener en la escuela. No le voy a pedir unas condiciones de contrato dignas. No le voy a pedir calefacción ni aire acondicionado. Ni siquiera voy a pedirle mascarillas… Solo le pido una cosa:

BAJE LA RATIO.

8 Comments

  1. Lola

    Qué fuerte me parece realmente es tan importante para nuestros hijos!! Deberíamos pedir a los s gobiernos que se empiecen a preocupar por nuestros hijos. Pues yo te diré que eres una buena maestra porque se dónde trabajas jijiji y sé que te dejas la piel. Un abrazo Gema, tú tendrías que presentarte a ministra de estas que sabes lo que hay que hacer

  2. Mamitalinda

    A mi hijo llevan diciéndole dos años que parece disléxico pero no hacen nada. Es en Sabadell tú estás cerca eso es normal? Le cuesta mucho leer y entender las cosa pero nadie hace naday le cuesta muchoelse pone pero siesdislexicoque hacemosel médico dice que le dé informe del Ap pero no me lo dan

    • LaGranMonita

      A ver, es difícil contestar esto por los comentarios. El EAP no te va a hacer informe de dislexia antes de sexto, la única opción es llevarlos por privado (cuenta 300 euros) o por pediatra, que te pide el informe del EAP, que no tienes. La otra opción es que tu tutor aplique el protocolo de dislexia PESE A NO TENER DICTAMEN. Esto puede conllevarle problemas y quejas, aparte de trabajo extra. No es tan fácil precisamente cuando se tienen muchos niños en clase. Por qué no me escribes y me cuentas los detalles?? A lagranmonita@gmail.com

  3. FiloWapa

    Leo todo esto tras ver qué te han puntuado muy bajo en oposiciones y no entiendo nada. Que es lo que quieren que les vendas la moto como hacen algunos. Es muy injusto que no se premie a la gente que lo hace bien y haiga algunos que con el cuento de ser funcionarios se rasquén a dos manos. Pues yo lo digo, a mí me pareces muy buena maestra y me da igual lo que digan los de las oposiciones.

    • LaGranMonita

      Gracias por el comentario, FiloWapa. Tengo compañeras que son grandes maestras que sí han aprobado, esto va así. No vale la pena darle más importancia de la que tiene. El año que viene entran nuevos niños y niñas en tercero y tengo dos años para trabajarlos, eso sí es un proyecto importante en el que no puedo fallar.

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