Vamos al fisio! Terapia postural – Método Mézières

Si en el último post hablaba del yoga como complemento ideal a nuestra tranquilidad mental y a nuestra salud corporal, hoy os traigo un tema del que hacía tiempo que quiero hablar como lo es la terapia postural. Tenemos que partir de un punto que quiero dejar muy claro y es que NO soy ninguna profesional de la fisioterapia; al contrario, no tengo ni idea del tema y lo que voy a explicar lo haré como usuaria.

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Me duele la espalda

Mi relación con los fisios empezó a raíz de un accidente de tráfico donde sufrí un latigazo cervical. Me sorprendió cómo con “tres meneos” te aliviaban el dolor que las pastillas no podían quitar. Mi espalda nunca había sido propiamente una espalda, sino una especie de carretera deformada que me hacía andar jorobada y cheposa, con los hombros hacia adelante, la barbilla hacia arriba y la barriga panzona (por no hablar de las piernas o los pies). Mi madre, con toda su buena intención, me daba collejones al grito de “Ponte derecha!” pero es que no había manera. Si intentaba enderezar mi postura, en menos de 10 minutos me entraban unos dolores por todos sitios que tenía que dejarlo por imposible. Yo era feliz con mi postura rara.

Típica mala postura... Imagen de: http://www.thinkstockphotos.es/image/foto-de-stock-young-woman-with-position-defect-and-ideal/178856847
Típica mala postura… Imagen de: thinkstockphotos

Claro, era feliz pero me pasaban un montón de cosas que nunca creí que tuvieran relación con la postura… me costaba dormir, dolores de cabeza interminables, calambres, puntas de los dedos dormidos, pies dormidos, dolores de espalda, crujidos variados, mareos… Cosas sin importancia, vale, pero cosas que me jorobaban bastante (nunca mejor dicho) y que yo trataba de forma aislada con pastillas para esto y para aquello.

Pensando en cómo arreglar mi postura, que ya empezaba a preocuparme, buscando soluciones en san Google, corsés o lo que fuera, caí en un blog de fisioterapia donde hablaban de la terapia postural.

Terapia postural? Eso suena a postura…

Pues sí, pese a mi ignorancia supina en temas fisioterapeúticos, la terapia postural trabaja la postura. Soy una genio.

Busqué algo de información y me presenté en un centro de fisioterapia del pueblo donde anunciaban que practicaban el método Mézières. Os puedo adelantar que la historia acaba en amor verdadero con mi fisio, alias “Pincitas”… Pero antes, qué es esto de la terapia postural?

Imagen de Pixabay
Imagen de Pixabay

Sin ser profesional, (lo repetiré hasta la extenuación), os digo que esta terapia intenta dos cosas:

  • Por un lado que tomemos conciencia de nuestro propio cuerpo, que lo dominemos y descubramos a mantenerlo en una posición correcta y beneficiosa. Y al final que lo hagamos de forma inconsciente.
  • Por otro lado, no sirve para nada decirle a alguien que “se ponga derecho” porque, con los años, los músculos y articulaciones se pervierten de alguna manera, se anquilosan en cierta postura y resulta imposible cambiarlos de motu propio. Hacen falta las manos de un profesional.

Seguramente os ha pasado esto alguna vez: Os sale una ampolla en un lado del pie y vais un par de días apoyando el pie de medio lado sin daros mucha cuenta porque os duele. Al cabo de unos días, de manera misteriosa, os empieza a doler la rodilla, la cadera… la espalda! Puede tener sentido? Por supuesto!! Se trata de las cadenas musculares y articulares (creo que el nombre científico es cadena miofasciales???). Si mueves una, todas se recolocan para compensar el movimiento, así que si una la tienes forzada en una posición incorrecta, el resto hace lo que puede aunque sea a costa de dolores y contracturas. Pues la terapia postural trabaja estas cadenas de forma global mediante ejercicios de estiramiento y masajes muy concretos.

Una buena postura trae descanso al cuerpo. Descanso de verdad. Foto de pixabay
Una buena postura trae descanso al cuerpo. Descanso de verdad. Foto de pixabay

Terapia postural, vamos al lío.

Todo empieza con un análisis a tu postura por parte del profesional… y por parte de ti misma. Una sesión donde sólo se habla y te miran por un lado y por otro, y te remiran haciendo posturitas. Entonces se fijan los objetivos; hasta dónde quieres llegar en tu postura, qué dolores accesorios quieres eliminar… todos, imagino.

A partir de ahí, las sesiones empiezan y terminan con algo de gimnasia propioceptiva, o sea, tú misma has de ser consciente de cómo está tu cuerpo y tener claro si algo ha cambiado en tu cuerpo desde el principio al final de la sesión… Aseguro que se nota y mucho. Durante las sesiones se suelen hacer ejercicios donde la fisio me pide que me concentre en la respiración “de barriga” y que mueva determinados músculos al mismo tiempo. Algo que mi Pincitas me pide con frecuencia es que coga aire tumbada y que mientras lo saco despacio, estire los brazos bien con las palmas hacia arriba, estire un pie en el que ella está apoyada, apriete con la otra corva el suelo y aplane totalmente la espalda en el suelo, forzando las caderas hacia las costillas… Todo al mismo tiempo! Y mientras, ella destroza con sus pincitas trabaja los músculos que tenga que trabajar.

“He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. Que Pincitas me deje una pierna más larga que otra. Salir de la consulta dos centímetros más alta… Todo ello perdurará porque ahora soy consciente de mi propia postura”

Ahora en serio. Los dolores de cabeza se fueron en un mes escaso; el adormecimiento de las manos sólo me vuelve cuando estoy terriblemente estresada, ahora camino más estirada, mis pulmones tienen más espacio para expandirse  y trabajan mejor. Lo más asombroso es que voy andando y de golpe me doy cuenta que mi espalda se ha estirado.

Ni siquiera hace falta que esté pendiente ya de mi postura; mi cuerpo la recompone sin que yo me de cuenta!

No todo es magia tampoco. Ni quiero que penséis que esto es cuestión de un ratillo y tres sesiones. Estamos hablando de cambiar todo el esquema corporal y acabar con posturas que has estado afianzando durante años; es imposible cambiar todo eso en un mes, seamos sinceros. Pero desde luego vale la pena el esfuerzo y el dinero.

PD: Obviamente, todo mi cariño a todos los fisios del mundo y particularmente a mi Pincitas, sin cuyas crueles pinzas habilidosas manos seguiría engurruñada y con dolores por todos sitios…

 

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