Organizar comidas cuando vas de tuppers

Pues sí, no creas que es una cosa baladí. Personalmente soy una patata en la cocina; pero una patata de las pochas. Soy un poco como Homer Simpson, que pone cereales con leche y se le queman y lo más triste es que no estoy exagerando… El año pasado me compré una maravillosa y estupendísima My Cook (ya os hablaré de ella) con la que puedo hacer mil cosas, pero la pregunta maldita siempre está ahí.

¿Mañana qué como?

Ah! La pregunta del millón.

A todos nos cuesta responder esa pregunta, pero cuando además, tiene que ser para meter en un tupper, tiene que ser sin gluten (y si puede ser sin lactosa) y no eres nada cocinitas… el tema se complica severamente. Esto te lleva a comer mal.

Yo lo arreglaba con comida preparada, pero eso fue antes de mi celiaquía. Desde que me descubrieron porqué me dolía la barriga día sí y día también la comida preparada fue lo primero que cayó. Se acabaron los «calentar y listo» los «insta-loquesea», las pizzas y las hamburguesas/bocatas (porque no nos engañemos, encontrar un pan decente sin gluten en una bocatería es poco menos que imposible.

1. ¿Qué sé cocinar?

Que parece muy obvio pero no lo es tanto. Hay que zampar, pero con cabeza.

Legumbres, carne, verduras, pescado, pasta, fruta…

En mi caso, como los findes ya como muy sano (no cocino yo), tenía que pensar en los días laborables para hacer los tuppers (y para comprarlo todo una vez por semana; no hay cosa que más odie que tener que ir a la tienda a diario).

Así queda claro que necesito ingerir todo eso, pero en qué se traduce todo eso? Realmente sé recetas para todas esas cosas? Me puse con un folio marrano y garabateé las recetas que tenía en la MyCook y otras que tengo en una libretita monísima que me regaló mi hermana de thegreatmoustache.com. Yo pensaba que apenas sabía hacer un plato pero resulta que me salieron ciento y la madre. Bueno, tantos no: unos 37. Que parecerá poca cosa pero vamos a ser sinceros, ni en el Ritz tienen tanta variedad.

Si clicáis en la imagen podréis comprar esta monería en la tienda online.

2. Todos los platos a la vista

Entiendo que este paso os parezca una tontada, pero si no tienes los platos a la vista no sabes qué lechugas hacer y al final otra vez vuelves a comer lo mismo siempre. Así que me hice un menú. Sí, sí, un menú rollo restaurante con todos los comistrajos que me sé e intenté organizarlos según fueran carne, pescado, cremas, acompañamientos… Aquí tuve mis dudas, pero me lo organicé según mis gustos y creo que me quedó bastante bien.

Aquí no vale meter ese potipoti que haces abriendo la nevera y mezclando lo que hay a saco. Eso es improvisar, y a no ser que lo hagas sistemáticamente (en cuyo caso podrías llamar al plato «Potipoti»), no lo pongas ya que estamos intentando trabajar con platos con un mínimo de elaboración.

Yo me metí en Freepick que tienen de tó y cogí un diseño propio que podéis descargar aquí. Este tipo de vectores se abren con un programa llamado Illustrator. Si no lo tenéis podéis buscar alguna manera de copietearlo y que simplemente os quede mono (que en word con una tabla con colores quedaría por el estilo eh?)

3. Menú semanal

Una vez que tenemos los platos a la vista y organizados es tremendamente fácil. Te coges una hojita o, mucho mejor, un planificador de comidas como el que os pongo abajo de la web Dibucos y vas apuntando cositas de manera repartida.

Yo tengo el problema de que soy la única que comer de tupper, así que siempre (siempre) me va a sobrar. Porque hay platos que no se pueden hacer para uno. Así que lo que hago es pensar en dos semanas. Pero sabiendo que repetiré plato.

Por ejemplo, si un lunes como nugets de pollo con paté de alubias sé que a finales de semana o a la semana siguiente comeré lo mismo. Esto implica pensarlo bien porque hay alimentos, como la pasta o el pescado que no puedes dejarlos mucho y que si los congelas quedan regulero. La pasta sin gluten es especialmente cruel y a la que pasan dos días está tiesa como la mojama.


En mi caso, si como pasta será para los lunes o solo hago el sofrito/acompañamiento y la pasta la cuezo el día anterior. No me hace gracia porque ya me obliga a ponerme un día laboral a la cocina pero es lo que hay. El pescado hay gente a la que no le importa que pase por el congelador, pero para mi paladar (que cocinar no sabré, pero no veas lo delicadita que soy), el pescado que ha pasado por el congelador queda como desmenuzado y aguado luego.

Así, intentad que durante la semana caiga un poco de todo y un poco más de legumbre y verdura. En mi caso la fruta no computa porque también me sienta mal así que de postre suelo comer un yogur y tan pancha.

4. Ya lo tenéis organizado

Ahora sólo se trata de mirar la lista de ingredientes, haceros la lista de la compra correspondiente y cuando se vaya al súper, cargad con todo. Hay quien es más de ir día a día pero así gastas más (está súper comprobado), y además pierdes tiempo.

Si quieres ser la master de la organización culinaria aprovecha los ingredientes. Es decir, si vas a comprar zanahorias puedes cenar crema de zanahorias un día de la semana, hacer zanahorias salteadas para acompañar algo y unas lentejas, por decir algo. No compréis algo de lo que sólo vayáis a comer un trocito pequeñín y ya está. Y recordad que las grandes superfícies están muy bien, pero muchas veces te obligan a comprar un saco de cebollas, de ajos o de lo que sea, mientras que en una frutería de barrio puedes llevarte la cantidad justa que vayas a necesitar

Esta dieta no está aprobada por médico alguno y, obviamente es orientativa. Es verdad que no me he muerto comiendo así y que, de hecho estoy bastante sana, pero cada persona es un mundo y tiene unas necesidades y preferencias. A mí, ya se ve, me encanta el salmón… Y como he dicho a medio post los findes me hacen unos platos de pescado y marisco la mar de ricos. A esto debemos sumar los bocatas mañaneros, las meriendas etc. Si tenéis dudas sobre cómo montar una dieta os animo a que vayáis a un nutrólogo. Yo aquí sólo intento ayudar a organizaros.

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