Gachas dulces cordobesas

Hoy os traigo una cutrirreceta que está de chuparse los dedos, es de lo más sencilla y os saca de un apuro. Se trata de un postre típico de mi tierra, las gachas dulces. Y antes de empezar siquiera me gustaría dejar claro que hay mil formas de hacerlas, porque en su día fue un plato muy de pobres y cada cual lo hacía como buenamente podía; luego sus esfuerzos y recetas han pasado a sus descendientes de aquella manera concreta y claro, hay variaciones.

Así, hay gente que las hace con agua o con leche, con un chorro de anís, con pan bimbo o duro… en fin, que vamos, que no se me enfade nadie que yo las hago como dice mi abuela que las ha hecho ella siempre.

¿Empezamos?

Ingredientes (2 personas)

Ingredientes gachas cordobesas
Más o menos todo lo necesario

1/2 litro de agua o leche (o más, según veamos más adelante)

80 gr. de harina

80 gr. de aceite (si puede ser aceite de oliva virgen… pues mejor)

120 gr. de azúcar (en principio la blanca normal)

Piel de limón ralladita

25 gr. de anís en grano (también conocido como “matalaúva”)

Pizquita de sal

Canela en polvo y en rama

Tostones

Utensilios

Probablemente necesitarás:

1 Sartén para hacer los tostones.

Batidora con varillas

Rallador

Báscula de cocina

Recipiente (preferentemente de barro) para la cocción.

Cucharones, platos y demás.

 

Elaboración

Primero haremos los tostones. Para ello, yo uso pan duro. Puede ser del día anterior o de hace una semana, tanto da. El tema es reciclar pan! Tomamos una sarten hermosa y echamos un chorraco de aceite, y cuando esté bien caliente, añadimos el pan y dejamos que se fría. No hace falta carbonizarlo eh? que os veo venir…

Tostar pan
Antes y después de tostar el pan. Si lo tostáis demasiado amargará

 

Dejamos el pan en papel absorbente y empezamos propiamente con la elaboración del postre.

Por un lado rallamos la piel del limón. Intentaremos no meter piel nuestra (jaja) porque a mí al menos me cuesta no rallarme un dedo en el intento… Luego este limón lo podemos usar para cualquier otra cosa.

En la sarten ponemos el aceite y cuando esté bien calentito añadimos la piel del limón (lo hace saltar, así que ojito) y el anís en grano y dejamos que se dore un poco, pero sólo un poco o el limón amargará cosa mala; avisados estáis.

Aquí mucha gente elimina tanto la piel como los granos de anís. Yo estoy acostumbrada a que mis gachas los tengan así que los dejaré con el resto de poti-poti pero los añado más tarde. Luego os cuento porqué. En principio colaremos el aceite para reutilizarlo sin restos de anís ni limón (pero guardamos lo que hemos colado).

La leche a la cazuela
Ya os digo que soy una enferma del anís en grano XD

Es el momento de meter la leche y dejar que se caliente un poco. Yo le pongo tambíen un par de tronquitos de canela, que dan a la leche un sabor muy rico. Luego añadiremos el azúcar (que se disuelve mejor), la sal y por último la harina.

Es conveniente tener la harina un poquito tostada, para que pierda el sabor a crudo… o eso dice mi abuela! Yo admito que no he probado una cucharada de harina para saber si tiene sabor a cruda o a cocida, pero si lo dice mi abue pues por algo será.

Aquí hago una pequeña trampa, para evitar el eterno problema de los grumos.  En este caso te coges una buena cantidad de leche azucarada y la viertes en el vaso de la batidora. Allí añades el azúcar y lo bates hasta que queda sin un grumito. Luego lo vuelves a meter en la sartén y le das unas vueltas para que ligue bien.

Lo de la batidora no es obligatorio claro. De hecho mi abuela nunca la ha usado, sino que ha tirado la harina directamente en la cazuela y ha ido deshaciendo los grumitos con una cuchara… pero se tarda un huevo.

En este momento, yo le añado lo que colamos antes, los restos de piel de limón y anís tostado, porque ya digo que estoy acostumbrada a ello. Si os parece mucho tropezón podéis poner sólo la mitad, pero al menos a mí, el sabor se me hace mucho más agradable.

Hay que intentar que tenga un punto consistente, pero sin ser sólido. Aquí ya podéis ir jugando con los ingredientes. Si la queréis más densa, pues un poquito de harina (y cuidado con los grumos); si la queréis más líquida, pues más agua/leche, si os parece secota pues una gotita más de aceite… Como digo, cuestión de gustos y de darle vuestro puntito. Yo generalmente siempre le acabo añadiendo un poquitín de agua para que no quede demasiado enganchosa. Cuando esté como queréis, metedle el pan para que se impregne del maravilloso sabor de vuestras gachas.

Os pongo un cutrivideo de cómo tiene que quedar el tema.

Lo ideal es comerla acabada de hacer. Si os quedó un poco densa, en cuanto se enfríe se convertirá en engrudo. De hecho, cuando era pequeña, en mi pueblo algunos gamberretes se dedicaban a “emplastar” las cerraduras con gachas bien densas, que a la mañana siguiente se habían petrificado. Algún año incluso me libré de algún día de cole con esta travesura.

 

A comer!

Repartimos las gachas. Los tronquitos de canela podemos descartarlos, o dárselos al más goloso para que los rechupetee un rato, ya que quedan bien impregnados de gachas y están de flipar. Cuando las tengamos podemos espolvorear un poquitín de azúcar por encima y canela en polvo. (Yo es que no soy de presentaciones… soy muy cateta para estas cosas)

Una cucharita… y a disfrutar!

 

Por cierto, si no os queda más remedio que dejar una ración para otro día, aseguráos de guardarla en un táper BIEN cerrado, que no entre una pizca de aire u os secará las gachas. A mi me han llegado a durar dos días y estaban la mar de ricas. Más de dos días no, porque soy incapaz de tener gachas y no comerlas!!!

 

Hale, buen provecho!

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