Cáncer. Terror dentro de tu propio cuerpo.

He tardado mucho en escribir este post pero es un tema que me toca de cerca y no acababa de sentirme fuerte para escribirlo. Al mismo tiempo me sentía estúpida por no sentirme fuerte para ello. Porque lo mío ha sido sólo caminar por el filo de la navaja y no quiero ni pensar en lo que se debe sentir al cruzar la línea.

Imagen de chica pensando

El susto

Estando de baja a causa de una condromalacia, pensé que sería buena idea aprovechar para hacerme la revisión ginecológica. Tendría que haberla hecho hacía ya unos meses, pero da palo, es incómodo y, en el fondo de tu mente, te da miedo la opción de que pueda pasar algo.

Voy a mi ginecóloga de confianza y todo va bien. Pese a tener 41 me recomienda hacerme mamografías debido a la historia familiar. Esto es, mi madre tuvo microcarcinoma (por suerte no invasivo), mi familia por parte de madre está salpicada de cánceres aquí y allá y ya se sabe, mejor prevenir blablablá… Total, que voy. Por la Seguridad Social se niegan a hacérmelas, pero al ir de privado no preguntan.

La chica es simpática y jovial. Nos reímos porque no sé cual es la teta derecha y cual la izquierda, bendita dislexia. Ella está igual. Muchas risas y un par de fotos después me voy a que me hagan la eco. Al tener el pecho denso es mejor hacer una eco para valorar bien, porque las mamografías no se ven demasiado bien. Estoy allí esperando y cuando me llaman para entrar algo cambia.

La enfermera me viene fingiendo una sonrisa. La finge, lo sé. Desde que estudio criminología sé mucho de la comunicación no verbal.

Me dice que me tienen que repetir una mamografía.

  • Sólo una? – pregunto yo.
  • Sí, bueno, repetir – titubea ella.
  • Ha salido mal? – insisto.
  • Es una ampliación, por asegurar – me dice con una sonrisa acompañada de unos ojos asustados.

Mierda.

Me la repiten. La disléxica de antes ya no ríe. Está tensa. Intento no ponerme en lo peor pero vaya, me pongo.

Carcinoma ductal in situ

El momento «no será nada»

No es la primera vez que me hago una mamografía, ni una ecografía mamaria. Sé que es más o menos rápido. La mama derecha se la ventilan en 1 minuto, hay algo en la izquierda. Pasan y vuelven a pasar por el mismo sitio y me muerdo la lengua para no avasallar al pobre hombre que, con cada pasada intenta asegurarse de lo que está viendo. Al acabar no me dicen que me vaya, sino que me incorpore y me espere.

Espero casi sin respirar mientras él mira la pantalla una y otra vez.

Me mira, me coge la mano con sus dos manazas y me mira a los ojos.

  • No va a ser nada, ya verás… pero habría que hacerte una biopsia.
  • Para qué? Qué ha visto? – pregunto sin ambages.
  • Seguramente no es nada, es muy pequeño y si no tuvieras tu historial familiar no le daría más importancia pero siendo tú…
  • Qué ha visto? – insisto.
  • Un conjunto de microcalcificaciones. Casi dos centímetros… No deberían estar así agrupadas… No tiene porqué ser nada, pero no puedo ir esta tarde a casa y tumbarme en mi sofá a descansar si no te he recomendado que te hagas una biopsia, por si acaso.

Biopsia

Pues así las cosas me dan mi informe. BI RADS 4B. Obviamente no tengo ni idea de qué quiere decir así que le pregunto a mi madre. Ella sí sabe lo que puede ser y se me echa a llorar. Con un nivel 4 no se sabe si es maligno o todavía no, pero no es un quistecillo.

Tengo la gran suerte de que me recomiendan ir a la Clínica Manchón en Barcelona. El gorpúsculo de calcificaciones está en un sitio complicado para biopsiar. De hecho me dicen que es raro que lo hayan visto allí arriba, tan escondido. Allí todo son buenas palabras y mucho cariño. Realmente resulta muy difícil sacar muestras. Pese a haber prescrito una biopsia con aguja fina, la doctora Manchón decide cambiar cuando ve la ubicación y tras más de un cuarto de hora intentando colocar el pecho en la posición adecuada (parecía aquello el circo del sol), anestesian y sacan 10 muestras intentando dejar limpia la zona conforme biopsian.

Lo peor y lo mejor

Tras llevar las muestras al laboratorio toca esperar. Apenas unos días que se hacen eternos. Te planteas muchas cosas.

Te planteas si ahí se acaba todo, si te tocará luchar contra un cáncer, si te tocará aguantar dolores y efectos secundarios de los que te acompañan toda la vida. Todo lo que haces deja de tener importancia; estudios, trabajo, proyectos, hobbies… Te da la sensación que todo va a quedar a medias. Te preguntas por qué puñetas no te cortan el pecho y fuera. Quieres aquello fuera de ti, como cuando de pequeña un bicho te saltaba al pelo.

  • Quítamelo, quítamelo

Pues lo mismo, con la misma urgencia.

Finalmente voy a recoger los resultados. Me siento frente a la doctora que abre mi sobre y me dice que tranquila. Que sea lo que sea, saldremos de esa… y veo subir imperceptiblemente la comisura izquierda de su boca. Estoy a punto de llorar y me ratifica lo que me quiero imaginar con todas mis fuerzas.

Hiperplasia intraductal atípica, justamente el paso previo a lo que tuvo mi madre. El paso previo. Un cáncer que aún no lo es pero que podría haber mutado en cualquier momento y convertirse en una mastectomía, en una radioterapia, en una quimio, en un infierno del que puedes salir o no…

  • Cogido a tiempo. Haremos una prueba para asegurar que no queda nada; es mejor sacarlo entero antes que le de por iniciar el siguiente estadio, pero ahora mismo no es cáncer. Podríamos decir que es un pre-cáncer. El mismo que tu madre, pero a ella se lo detectaron más tarde. Cogido a tiempo.

No supe si llorar, reír, besar a la doctora, gritar o saltar por la consulta como una maldita tarada. Quedaba una prueba pero era lo de menos. Ya sólo se trataba de asegurarse que no quedaba nada. Asegurar que todo iba bien.

Respiramos

No quiero alargar innecesariamente, pero la siguiente prueba (un TAC con contraste) demostró que la doctora había sacada absolutamente todas las microcalcificaciones susceptibles de convertirse en microcarcinomas. Todas las bolas diminutas fuera. Todas. Bi-RADS 2.

Ahí sí que lloré. Lloramos todos. Y no solo por el alivio, sino por el miedo. Por el terror profundo que había estado manteniendo a raya.

Quizá hayas leído esto porque estás pendiente de un resultado. Quizá hayas llegado aquí porque ya te los han dado y no han sido buenos. Tal vez estés perdida y asustada buscando algo de apoyo moral o una respuesta que te haga sentir mejor.

Lamentablemente no tengo nada de eso. El cáncer da mucho miedo. Aún lo tengo en un rincón de mi cerebro. Mientras tenga dos mamas colgando ahí delante el miedo seguirá. He estado pensando en realizarme una mastectomía preventiva. Aún le doy vueltas… el miedo es real y profundo. Si realmente estás en ese trance sólo puedo decirte que te envío un gran abrazo y todas las buenas vibraciones de las que soy capaz, pero intenta apoyarte en tu familia, céntrate en lo realmente importante y no intentes hacerte la fuerte.

Tienes derecho a chillar, a enfadarte, a tener miedo… Tienes derecho a todo ello, pero no caigas en la desesperación porque muchas veces hay una salida.

Ya puestos, me voy a dar el lujo de darte un consejo y cada uno que lo tome como quiera. No soy médico, ni enfermero, ni sé nada de medicina ni de estadísticas. Sé que si no llego a hacerme las mamografías «porque soy demasiado joven» quizá ahora mismo estaría sentenciada sin siquiera saberlo. Es mejor saber y poner remedio que no saber y que te pille por sorpresa.

Os dejo por aquí un link al blog de la doctora Manchón, a la que, aunque ella no lo sepa, le estaré eternamente agradecida. Sobre el radiólogo que me cogió las manos aquella tarde y me aconsejó hacer una prueba por si acaso, he de decir que fui al centro de radiología a decirle lo que había pasado. No estaba él, le di el recado a una recepcionista a la que se le saltaron las lágrimas al pedirle que le dijera que me había salvado la vida y que era un gran profesional que realmente se merecía descansar en su sofá con la conciencia bien tranquila.

Muchos ánimos, compañeras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *